Sunday, August 14, 2011

A.M.D.G 4ta CHARLA DE DISCERNIMIENTO

4ta CHARLA DE DISCERNIMINETO



LAS TENTACIONES

¿QUE COSA ES LA TENTACION?
Llamamos tentación a una proposición de un pecado, hecha al alma, para inducirle a cometerlo. O bien, un pensamiento, que de suyo induce al pecado.

El alma puede consentir a un pecado de tres maneras:

1-cometiéndolo actualmente y voluntariamente

2-No cometiéndolo, pero deseando cometerlo.

3-No cometiéndolo, ni deseando cometerlo, pero encontrando placer y delectación en el pensamiento del pecado.

En otras palabras, la voluntad puede consentir a un pecado, por obra, por deseo y por complacencia o delectación voluntaria.

Hay que aclarar, sin embargo, que sólo en consentimiento es el que hace el pecado, y, por consecuencia, el pensamiento solo de un pecado, no es pecado, hasta que la voluntad consienta en alguna de esas tres maneras que mencionamos arriba. Y aunque el pensamiento dure mucho tiempo, no hay pecado sin el consentimiento, sino que hay gran mérito en desecharlo.

Lo segundo es que, para saber si se ha cometido pecado mortalmente, no es suficiente con mirar si se ha llevado a cabo o si se ha ejecutado la mala acción o si se ha deseado, sino que es necesario descubrir si se ha tenido placer voluntariamente en pensar en dicha acción. Porque la delectación voluntaria en lo que constituye pecado mortal, es ya pecado mortal. Muchos creen que el pecado mortal no se comete hasta que en realidad se hace.

Hay dos tipos de delectación en la tentación. Una, que precede al consentimiento, que es aquella que sentimos al principio de la tentación, y que sin deliberación propia, atrae la voluntad al consentimiento. La otra, que sigue al consentimiento, que es aquella que la voluntad encuentra en la cosa que se le propuso. Esta segunda delectación es pecado, pero no la primera.

Entonces, para ver si se ha pecado, por la delectación en un mal pensamiento, es necesario reconocer si dicha delectación ha sido voluntaria, es decir, si uno ha dado consentimiento. Una acción no puede ser voluntaria si no es precedida del conocimiento; por eso, para ver si se ha consentido en la delectación, es necesario ver qué uno hace después del consentimiento, es decir, si se continuó entreteniéndose en ella o no. Porque si uno continua entreteniéndose voluntariamente en la tentación, ya hubo consentimiento, y por lo tanto, pecado. Y seria pecado mortal si se entretiene uno voluntariamente y deliberadamente, sin hacer nada por evitarlo; o venial si esta continuación ha sido hecha por inadvertencia y sin entero consentimiento, no queriendo verdaderamente deleitarse, pero sin hacer todo el esfuerzo por evitarla.


NO SE PUEDE EVITAR SER TENTADO
Es de conocimiento común el hecho de que no se puede vivir en este mundo, sin ser tentado. Esta vida es un combate perpetuo, según lo dice la Sagrada Escritura. Tenemos enemigos que nos combaten por todas partes. Enemigos interiores, enemigos exteriores: la concupiscencia, el demonio, el mundo.

El demonio no duerme ni descansa, buscando constantemente los medios de hacernos caer en pecado, y lo hace de forma especial contra aquellos que desean retirarse de él, para servir a Dios, especialmente a los jóvenes, para asegurarse con tiempo de su perdición.

Por lo tanto, no hay que espantarse si uno tiene tentaciones constantes, esto es algo que no se puede evitar. Unas tentaciones son a veces efecto de los malos hábitos contraídos por pecados anteriores; otras vienen de las ocasiones de pecado en que uno mismo se pone voluntariamente. Y en estos dos casos, no debe uno quejarse de nada sino de sí mismo. ES necesario, por lo tanto, resolverse a combatir y a preparar las armas necesarias para defenderse uno en esta guerra. Dios estará contigo para conseguir la victoria. Dichas tentaciones te servirán para muchas cosas, entre estas, para mantenerte en la humildad y en el deseo de no caer en el pecado; y a estarte siempre prevenido o con la oración o con los demás medios disponibles. Y en segundo lugar, te fortalece en la virtud y te hace crecer en ella. Y por último, te sirven para asegurar tu salvación y aumentar tu gloria en el cielo.


CONSIDERACIONES PARA FORTALECER EL ESPIRITU EN LAS TENTACIONES
Siendo la tentación un pensamiento, que de suyo induce al pecado, es cierto que el primer remedio que se debe aplicar, es fortalecer el espíritu con pensamientos contrarios, que nos puedan disuadir o distraer del pecado a que uno se siente tentado. Y lo otro que puedes hacer es pensar en lo siguiente:

1-Piensa en lo que estas tentado a hacer. Es decir, que por una acción, por un instante de placer, vas a perder la gracia de Dios, a hacerte su enemigo, indigno de sus gracias, el objeto de su aborrecimiento y de su indignación. Vas a renunciar al cielo, a perder todo el bien que has hecho en toda tu vida, a rendirte esclavo del demonio, a ser sujeto de la condenación eterna.

2-Piensa en por qué cosas vas a hacer estas pérdidas. Por un miserable placer de un mal pensamiento, de un mal deseo, de una acción impura, brutal, indigna del hombre. Por un placer que no durará más que un segundo, y que una vez que se termina, deja en ti un sentimiento de tristeza, de remordimiento que te perseguirá sin cesar. ¿ES ser hombre hacer semejante elección?

3-Considera la calidad de aquel a quien vas a ofender: a un Dios infinito en grandeza, en poder, en majestad, en santidad. Un Dios a quien todas las criaturas adoran; ante cuya presencia los ángeles tiemblan.

4-Si pudieras ocultarle a Dios tu pecado, y ofenderle en otra parte donde no te viera, serías tal vez menos culpable. Pero vas a ofenderlo en su cara, sabiendo que te ve, y que mira con horror el pecado que vas a cometer. SI pensaras en ser visto por otro hombre en esta acción mala, posiblemente se te llenaría la cara de vergüenza; mas sin embargo, Dios te ve, y no sientes nada? Decía san Agustín: "Oh hombre ciego, si quieres ofender a Dios, busca a lo menos un lugar donde EL no esté, y si no lo hayas, ten vergüenza, al menos, de ser visto en tu pecado de ojos tan santos como son los de Dios. Y teme el cometer un crimen delante de Aquel, que es a un mismo tiempo, el Testigo y el Juez; y que puede hacerte morir en el mismo instante en que acabas de cometer el pecado".

5-Fíjate en la bondad de Aquel a quien vas a ofender. ¿A quién vas a injuriar? NO menos que a tu Padre Celestial, que te ha dado el ser que tienes; que te ha dado todo lo que posees, que te conserva incesantemente; y sin la ayuda del cual, no serías capaz ni siquiera de mover un dedo. NO respiras sino con el aire que EL te da; si te abandonara un solo momento, en ese mismo instante caerías en la nada. Mírate después de pies a cabeza; no hallarás en ti cosa que no venga de Dios. Y tú, en medio de todas estas gracias y todos estos beneficios, le vas a ofender criminalmente, depreciando la bondad de un Dios tan bueno; sirviéndote de sus propios bienes para ofenderlo.

6-vuelve tus ojos a tu Salvador, clavado en la cruz, todo cubierto de llagas, sumergido en un mar de dolores, muriendo por tu salvación; detén ahí tu vista y tu pensamiento. Considera lo que ahí padece, y mira que sufrir de esta forma es por ti, por tus pecados, por los que has cometido. Y mira si tendrás el corazón tan duro y tan cruel para decidirte a ofender a un Dios que ves morir por tu salvación y volverle a crucificar con tu pecado.


LO QUE SE DEBE HACER EN LA TENTACION

En cuento sepas que una tentación se introduce en tu espíritu, ten gran cuidado de rechazarla prontamente, sin detenerte en ella, por poco que sea. Ese es el mejor remedio. Y para lograrlo, has lo siguiente:

1-Eleva el corazón a Dios y dile que quieres renunciar de todo corazón a la tentación y que no quieres consentir a ella; pídele la ayuda para resistirla, reconociendo con humildad que sin su ayuda nada puedes.

2-Proponte distraerte con algo diferente que puedes hacer en ese momento, ya sea leer, salir a caminar, llamar a alguien, rezar, etc. 

3-Y si la tentación continúa, puedes ponerte de rodillas y hacer una oración; o trae a tu memoria la imagen de tu muerte, de tu juicio y del cielo.

4-Puedes incluso aprovechar la ocasión de la tentación para proponerte hacer algún bien en ese mismo instante, cualquier bien que sea. De esta forma, combatirás a tu enemigo con sus propias armas...

Pero ten cuidado de no combatir ninguna tentación con tus propias fuerzas, sino esperando toda la ayuda de Dios. Es gran medio para vencer las tentaciones el reconocer con humildad que por ti mismo no puedes hacer nada y que no puedes vencerlas sin la ayuda de la gracia. Y por último, no dejes de orar nunca y de recibir los sacramentos.


COMO ENGANA EL DEMONIO ESPECIALMENT A LOS JOVENES

Toda la fuerza del diablo se basa en sus engaños. Hay tres engaños principales.

1-Les impide a los jóvenes que miren y conozcan el mal que hay en el pecado que van a cometer, y por el contrario, les presenta vivamente en su imaginación por una parte lo dulce de la delectación en el pecado, tanto que les hace ver en ella más de lo que ahí hay; y por otra parte, les presenta en la imaginación lo difícil que sería resistir.

Por eso, cuando el demonio te presente una tentación, hay que ver al instante el mal que vas a hacer, que es un pecado mortal, el mayor de todos los males. NO mires lo difícil que sería resistir dicha tentación, sino más bien acuérdate el gozo y del consuelo que recibirías si vences.

2-El segundo engaño del demonio consiste en presentarles a los jóvenes la facilidad del perdón y persuadirles de que al cabo pueden ir a confesarse y hacer penitencia.

3-El último engaño del demonio consiste en hacerte creer que es imposible resistir las tentaciones y que es imposible abstenerse de pecar. En fin, les persuade de que no importa lo que hagan, es imposible dejar de pecar.

Entonces, en pocas palabras, les oculta el mal, y les hace creer que no es tan grande como el mal es en sí. Después les persuade a que con facilidad podrán salir del pecado; y cuando ya los tiene adelantados en el pecado, les hace creer que es imposible abstenerse de pecar, para que no hagan esfuerzo alguno por salir de él.


DOS FALTAS NOTABLES DE LOS JOVENES EN LA TENTACION

Viéndose tentados con frecuentes tentaciones, se impacientan y, después de resistir por un tiempo, pierden el ánimo y se rinden al enemigo, pensando que es imposible resistir. Esto significa desconfiar de la gracia de Dios. Hay que tener paciencia, por lo tanto, en las tentaciones y esperar con humildad la gracia de Dios, que no te faltará jamás si tú no le faltas primero. Acuérdate de que todos los santos han sufrido tentaciones.

La segunda falta en los jóvenes en las tentaciones consiste en que si alguna vez se han dejado vencer del enemigo, luego desisten y dejan las armas para luchar, para luego ser vencido de cualquier tentación.

No por haber sido vencido uno o 10 veces debe uno desanimarse. Es necesario recurrir a Dios inmediatamente a pedirle perdón, a implorar la asistencia de su gracia; y después de haber hecho penitencia por el pecado, volver a tomar las armas y en el nombre de Dios pelear con fidelidad.


LO QUE SE DEBE HACER DESPUES DE LA TENTACION


Hay que darle gracias a Dios por la victoria conseguida. Y lo segundo, hay que prepararnos para la siguiente pelea. SI esto no se hace, es muy probable que la tentación continúe insistiendo.






¿QUE ES LA VIRTUD?
La palabra Virtud, del latín virtus, que significa "cualidad excelente", "disposición habitual a obrar bien en sentido moral". La virtud extiende el orden de la razón y el dominio de la voluntad; controla las fuerzas del ser humano, y lo hace capaz de gobernar su actividad en las direcciones que él mismo se propone. La gran fuerza de un hombre son sus virtudes, aunque quizá su estructura física sea débil. Sólo quien tiene virtudes puede guiar su vida de acuerdo con sus principios, sin fracasar, a cada instante, ante la más pequeña dificultad u obstáculo que se le presente.

VIRTUDES TEOLOGALES: Fe, Esperanza y Caridad

VIRTUDES CARDINALES: Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza

PECADOS CAPITALES Y VIRTUDES OPUESTAS
Soberbia- Humildad
Avaricia-Larguesa(generosidad)
Envidia- Caridad
Ira- Paciencia
Lujuria- Castidad
Gula- Templanza (moderación)
Pereza- Diligencia


LO PRIMORDIAL PARA ADQUIRIR VIRTUDES EN AL JUVENTUD


1.EL SANTO TEMOR DE DIOS

La virtud consiste del Santo temor de Dios y en el cumplimiento de los mandamientos; si no se cumplen los mandamientos, no hay temor de Dios y si no hay temor de Dios no hay Virtud.

CUANDO SE ROMPEN LOS MANDAMIENTOS, SE PIERDE LA GRACIA DE DIOS; cuando se pierde la gracia, la virtud pierde su esencia y deja de ser virtud y se convierte en una simple cualidad que solo se limita a bienes temporales; la persona reduce su racionamiento y no es capaz de dirigir su cualidad hacia donde se lo propone, y desperdicia todo su potencial, sin lograr obtener ningún bien.
Para mantener un Santo temor a Dios
1. hay que pedir le a través de la oración que infunda en nuestros corazones su Santo Temor.
2. Tener siempre en cuenta su grandeza y lo poco que somos.
3. Temer sobre todas las cosas el ofenderle o desagradarle.
4. Cuando nos dirijamos a Él, hacerlo con respeto y con nuestro ejemplo hacer que los demás le respeten de igual manera.


2.EL AMAR A DIOS

El Temor de Dios y el Amor a Dios nunca deben separarse, porque el Temor de Dios es el principio de su Amor, y el Amor es la perfección del Temor a Dios. Estamos obligados a Amar a Dios porque para eso fuimos creados, el no Amar a Dios es ir en contra de nuestra naturaleza y nuestra felicidad.
San Agustín: “nos creaste, Señor para ti, y nuestro corazón estará siempre inquieto, hasta que no descanse en ti”
A Dios solo se le puede amar de una forma, y es sobre todas las cosas juntas; más que todos los bienes, más que los placeres, más que la honra, más que los amigos y que la vida misma. Si no amamos a Dios sobre todas las cosas, no lo amamos suficiente y rompemos la virtud de la justicia, porque es una injusticia amar alguna persona o cosa por encima de Dios, para ser justos es necesario Amar a Dios de la forma que se lo merece.
PARA NO FALLAR EN AMAR A DIOS HAY QUE;
1. Tener miedo y horror y al pecado sobre todas las cosas.
2. Huir de los pecados veniales lo más que podamos, porque después dela acumulación y la costumbre de los pecados veniales, vienen los mortales.
3. Trabaja en adquirir las virtudes que son necesarias en la juventud.
4. Desear mucho, que Dios sea amado y servido como merece y que nos duela cuando le ofendemos,
5. Reparar cualquier ofensa que le hagamos.

3.
LA HONRA DE LOS PADRES

El cuarto mandamiento dice: honra a tu padre y a tu madre, entonces ya por puro amor a Dios le debemos la honra a nuestros padres, sean buenos o malos padres; siempre le debemos respeto y honor a nuestros padres, ya que después de Dios, fueron los que nos dieron la vida. Si no se le honra a los padres, no hay ni temor de Dios, ni Amor a Dios.

Dios aborrece y castiga a los hijos que no honran a sus padres. En el viejo testamento, cuando los hijos eran rebeldes y deshonraban a sus padres, los mismos padres los llevaban ante la justicia y allí los apedreaban delante de todo el pueblo, para mostrar así la ofensa tan grave que se cometía ante Dios, es obvio entonces que honrar a los padres es agradable a Dios, por eso debemos:

1. tener gran respeto a nuestros padres
2. amarlos con un amor singular.
3. obedecerles en lo que nos manden y hacer lo con prontitud. (siempre y cuando no vaya en contra de la ley de Dios ni, el bien de nuestra alma.)
4. siempre asistirlos en sus necesidades, corporales y espirituales.
Otras personas a quienes los jóvenes deben honrar.

También debemos gran honor a todos aquellos que de una forma u otra nos ayudan en el crecimiento espiritual y de nuestra persona, como:

1. Los tutores o hermanos mayores.
2. Los maestros públicos o personales, ya sean maestros de estudio educacional o de instrucción en la virtud.
3. Padres espirituales, como los sacerdotes, los religiosos y religiosas
4. Los ancianos
5. La autoridad pública, respetar y obedecer los ministros de las leyes civiles,
A todas estas personas les debemos respeto, amor, obediencia y fidelidad.

LAS VIRTUDES NECESARIAS PARA LOS JÓVENES.


LA VIRTUD DE LA DOCILIDAD (contraria a la rebeldía)

Es la virtud que hace amar, recibir con gusto, solicitar y poner en práctica consejos, reprehensiones y exhortaciones al bien. Es el instrumento de la buena educación, la madre de todas las virtudes en los jóvenes, el origen de todos sus bienes y la causa de su salvación. El alma dócil se deja impresionar de todo bien, mientras que el alma rebelde solo de maldades.


LA VIRTUD DE LA OBEDIENCIA

La virtud de la OBEDIENCIA es la hija de la DOCILIDAD. Un espíritu dócil obedece con facilidad a la voluntad de aquellos que tienen alguna autoridad sobre él. Es una virtud fundamental y sin la cual no puede haber una sólida piedad. La OBEDIENCIA forzada y a disgusto, por miedo o por fuerza, es una obediencia de esclavo que no tiene mérito alguno, ni rasgo de virtud. La verdadera obediencia procede del reconocimiento de su obligación y del deseo de agradar a Dios con el cumplimiento de ella. (Por puro amor a Dios)


LA VIRTUD DE LA CASTIDAD

De la misma forma que la DOCILIDAD y la OBEDIENCIA controlan los desórdenes del alma, la CASTIDAD controla los del cuerpo. La castidad es la custodia de la pureza, es la virtud que evita los placeres indebidos de la carne y a la misma vez reprime y hace morir a los pensamientos, deseos y sentimientos que causen cualquier complacencia impura. La castidad eleva la pureza a un nivel semejante a la de los Ángeles y es sumamente agradable a Dios. Más sin embargo, hay que tener en cuenta, que esta virtud puede ser violada fácilmente y de muchas maneras: por los pensamientos, deseos, palabras y acciones impuras o deshonestas.
Por eso es de gran importancia vivir la Castidad como la mejor prenda o la más rica joya que podamos tener, porque atrae la gracia y la bendición de Dios sobre aquellos que se dedican a ella, pero al mismo tiempo, la maldición y colmo de males a los que no. Y ya sabemos de la forma que Dios aborrece a los impuros y los impúdicos.


LA VERGÜENZA

De la castidad y la caridad sale la vergüenza. La CASTIDAD aborrece las acciones, pensamientos, deseos y sentimientos impuros, mientras que la VERGÜENZA los aparta y al mismo tiempo protege la CASTIDAD; por eso es imposible tener castidad, si no hay vergüenza, por que la vergüenza es la que procura mantener lejos cualquier ofensa hacia la castidad como: palabras indecentes, ojeadas impúdicas, gestos lujuriosos, proposiciones indecorosas, etcétera… La VERGÜENZA, como tiene por objetivo el apartar lejos de si, todas las cosas exteriores que son contrarias a la castidad; pues sale de ahí la MODESTIA.


LA MODESTIA

Es la virtud  que arregla y modera todas las cosas que puedan ser impropias o indecentes en el exterior de la persona, como son: la mirada, el modo de caminar, los gestos, los vestidos y las palabras.
Es una virtud que adorna al espíritu sabio y que está capacitado para todo bien.
La inmodestia, del otro lado, grita los vacíos del alma, como: la falta de caridad, del temor de Dios, la falta de principios y la falta de moral. También muestra lo que reina dentro de la persona, como: la ignorancia, la vanidad y la indecencia y el afecto por lo vulgar.

Dice San Ambrosio: “la postura del cuerpo y su movimiento exterior es como una especie de voz que publica lo que pasa en el interior de la persona”.

La MODESTIA es una virtud sumamente esencial para agradar a Dios, por eso hay que tener en cuenta que la MODESTIA es para todo lugar, pero más aún para la Iglesia. Debemos pues mantener una gran modestia en la casa de Dios, en el santuario, que es un lugar consagrado, por eso, es preciso mantener una postura humilde y devota, que sea adecuada a la santidad del lugar; con gran respeto y en silencio, con una vestidura propia y decente, sin causar ningún tipo de distracción y sin quitarle a Dios la atención que el solo se merece. Para adquirir y mantener la virtud de la modestia es necesario:

1. pedírsela a Dios todos los días.
2. alegrarnos cuando alguien nos corrija por ser poco modestos.
3. cuando alguien más sea reprendido por la falta de modestia, prestar atención y aprender de ellos.
4. frecuentar personas prudentes y modestas e imitándolos en sus virtudes y huir de personas desordenadas exteriormente.


LA MODESTIA EN LAS PALABRAS

La modestia consiste también en las palabras; en no hablar cosa mala o fastidiosa; en hablar las cosas buenas cuando se requiere y como se requiere.
1. No hablar jamás palabra sucia o indecente, porque son la verdadera peste y corrupción de la honestidad y de las buenas obras; no hablar nunca de palabras de doble sentido que puedan ser ocasión de malos pensamientos y evitar dichos o chistes sucios o vulgares.
2. En las conversaciones buenas no ser pronto en hablar, sino escuchar primero antes de hablar y tratar de hablar poco y escuchar mucho; de no hablar antes de saber de lo que se está hablando y de no interrumpir al que está hablando; de no adelantarse a hablar, cuando se trata de alguna cosa que uno no sabe.

VICIOS DE LA LENGUA, PRINCIPALMENTE LOS JURAMENTOS.
Fuera de las malas palabras y conversaciones imprudentes, existe también, el vicio de la lengua y de los juramentos, me refiero al vicio que agarran aquellos que utilizan, el Santo Nombre de Dios como juramento en vano. Esta horrible costumbre de jurar el Santo Nombre de Dios por cualquier cosa, es el pecado que no solo rompe con en segundo mandamiento, sino que también es uno de los peores hábitos que se puede adquirir, y es cosa horrible, el simple hecho que los cristianos, en vez de alabar el Nombre de Dios, como los Ángeles en el cielo, lleguen a profanarlo con sus juramentos, de la misma forma que los demonios vomitan contra El Santo Nombre de Dios desde los infiernos.


LAS MURMURACIONES

Otro tipo de pecado de la lengua es la murmuración. Murmurar es decir de otro algún defecto que no tiene, o pecado que no ha hecho, que se hace por odio, por venganza, por envidia, con intención de dañar la imagen de alguien.
Los chismes y cuentos
El andar trayendo y llevando chismes, con la mala intención de ocasionar divisiones y la discordia.

LA MENTIARA

La mentira siempre es pecado, porque va en contra de la verdad, y es la puerta de los peores vicios, como: la trampa, la falsedad, la infidelidad, la hipocresía, la cobardía, la inestabilidad, la apariencia y muchos otros más. La mentira es tan eficaz en la maldad que quien ama la mentira se hace semejante al diablo, el mentiroso por excelencia, creador y padre de la mentira.

Dice San Ambrosio: “aquellos que aman la mentira son hijos del diablo, porque los hijos de Dios aman la verdad”


LA VIRTUD DE LA SOBRIEDAD

Esta virtud consiste en la moderación del comer y beber, lucha contra dos vicios los cuales son: la glotonería y la embriaguez. Estos dos vicios dañan cuatro cosas:
1. La honestidad (la pureza)
a. Dice San Gerónimo: “difícil es el conservar la castidad entre la abundancia de manjares”
b. Con la embriaguez se pierde la vergüenza, y sin la vergüenza se pierde la castidad.
2. La salud
a. Los excesos de comidas y bebidas atentan contra la salud y la vida.
3. El entendimiento
a. Dice San Gerónimo: “aquellos que aman el vino (el alcohol) , se vuelven como los brutos, entorpecidos, e incapaces de cosa buena.
4. La salvación
Estos dos vicios crean un sinnúmero de vicios que les impide vivir una vida cristiana, porque de la glotonería y la embriaguez llegan los pleitos, la impureza, la blasfemia, la ira

Para huir de estos dos vicios y vivir la sobriedad hay que tener en cuenta 3 cosas:

1. La cantidad;
Controlando la cantidad, sin excederse de una medina que sea razonable.
2. La calidad;
Escogiendo los alimentos que menos dañen la salud y las bebidas que no corrompan el razonamiento o el juicio.
3. La modestia;
En el comer y beber con calma y delicadeza, de forma ordenada y moderada.


LA MANSEDUMBRE contra la ira

El desorden en los placeres trae la ira y la desesperación, por lo tanto es necesario trabajar en los movimientos de la ira.
La ira es una pasión brutal, que hace a los hombres semejantes a las bestias, ya que las bestias no saben sufrir con paciencia y se irritan contra todo aquello que les hiera. Así mismo reacciona la persona que padece de la ira. La ira procede de la falta de prudencia y de entendimiento, y la persona, como no sabe sufrir con paciencia, se desespera y entra en locura, luego pierde todo su juicio y la lógica, lo cual después es incapaz de discernir el bien del mal, lo verdadero de lo falso. De aquí las riñas, las injurias, las murmuraciones, las enemistades, los deseos de venganza, las blasfemias, y otros miles de pecados.

REMEDIOS CONTRA LA IRA
Para evitar la ira es recomendable:
1. No enojarse por cosas pequeñas.
2. Si el mal que te han hecho es grande; antes de enojarte, analiza primero si la ira te servirá de remedio, y hallaras que será totalmente inútil. Siendo inútil, ya sería locura enojarse.
3. si por alguna razón, convenga mostrar disgusto, con mostrar tristeza por la ofensa, es suficiente para hacer recapacitar al ofensor.
4. En caso de uno caiga en la ira, hacer un acto de pena, con una oración o una limosna.

LA PAZ CON EL PRÓJIMO, CONTRA LAS RIÑAS Y ENEMISTADES.
Donde no hay paz no puede haber caridad, y por consiguiente tampoco virtud.
Para adquirir y conservar el espíritu de paz es necesario:
1. No entrar en discusiones de otros por ningún motivo. Ya que la mayoría de la gente que discuten es por puro capricho, no por razón.
2. No dar motivos de discusiones, ni contradecir demasiado, evitar todo aquello que pueda ofender, y si la otra persona es necia y no quiere aceptar alguna verdad, alejarse con respeto y prudencia.
3. A caso que alguna persona te insulte, aunque sin motivos, procurar portarse con prudencia y no caer en la ira. Mostrando modestamente, que no tienes culpa y con blandura disculparse y retirarse para que se le pase la a la otra persona.


EL PERDÓN DE LAS INJURIAS CONTRA LA VENGANZA.
Para conservar la paz y la MANSEDUMBRE es sumamente necesario aprender a perdonar las injurias y olvidarlas, para vivir la virtud. Por eso debemos nunca buscar la venganza, ni guardar nunca rencor alguno contra el prójimo. Dios quiere de tal manera que perdonemos, que nos advierte que si no perdonamos al que nos ofende, no seremos perdonados de nuestra ofensas.
Dice la palabra “el juicio será sin misericordia, para aquel que no habrá tenido misericordia”


EL AMOR DEL PRÓJIMO

“Amaras a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo”.
El amor al prójimo no se limita a solamente amar a la familia, sino amar también a los extraños, a los buenos, a los malos, los ricos, los pobres, los pequeños, los grandes, los amigos y enemigos; en si todo el género humano sin importar su raza o color; sin importar quienes sean o ni la situación en que estén. Se les debe amar porque son todos hechos a la imagen y semejanza de Dios.
El amor al prójimo consiste en; Desearles el bien a todos, hacerles bien cundo se puede (ayudarlos en sus necesidades corporales y espirituales), sufrir sus defectos y disimular sus faltas. Todo esto se encierra en las obras de misericordia, en las cuales estamos llamados a ejercer en nuestra vida cristiana.


LAS AMISTADES

Hay una gran diferencia entre el amor del prójimo y el amor de las amistades. Debemos amar a todos las personas, como habíamos dicho, pero no se puede tener amistad con todos. Ya que la amistad es un amor mutuo y particular. La amistad se convierte en el objeto sobre lo que funda. Si una amistad es fundada en un vicio, es decir que lo que se ama del amigo es un vicio, la amistad es viciosa. Si lo que se ama de la amistad es la belleza solamente y las cosas vanas, la amistad es vana y superficial. La amistad para que sea buena tiene que ser virtuosa y para que la amistad sea virtuosa tiene que:
1. Ser fundada sobre la virtud.
Amar al amigo por razón de alguna buena tendencia o virtud que se le reconozca.
2. Encaminada en la virtud.
Porque la amistad debe procurar y desear el bien del amigo.
Se tiene que desear la virtud y encaminarla.
3. Guiada por la virtud.
Esto es, que la virtud sea la regla de la amistad, y de ninguna forma puede ir en contra del orden de la virtud, ni del cumplimiento de los mandamientos.

La sagrada escritura dice:
“Aquel que es infiel a Dios, no puede ser amigo de nadie”
Tampoco se puede tener una amistad, con una persona viciosa o desordenada, y a la misma vez, tener una amistad con Dios. Para mantener la virtud y la amistad con Dios, debemos huir de cualquier amistad que vaya en contra de la virtud y de nuestra fe.


EL JUEGO Y LAS RECREACIONES

La recreación es necesaria para desahogar el espíritu. El juego y la recreación no van en contra de la virtud, siempre y cuando se toma como se debe. Por eso para que el juego y la distracción sean saludables para el espíritu, tiene que ir junto con la templanza (moderación). Porque si se toma como exceso, deja de ser recreación y se convierte en un oficio u ocupación. Se ama tanto el juego y de la recreación que puede llegar a caer en hedonismo. También con caridad, buscando el compartir, mostrando amor y respeto hacia los demás. Evitando los juegos que tengan como fin, la competencia o la ganancia; porque de ahí salen los pleitos, las discordias, la tristeza, el disgusto, el desorden del espíritu y un sinnúmero más de males. Hay que huir de este tipo de juegos y solamente tomar juegos honestos, que diviertan el alma y que a la misma vez ejerciten el cuerpo.


LA HUMILDAD

Es la virtud que le da la perfección a las otras virtudes, las conserva y las hace crecer. Del otro lado, La soberbia, que es el amor desordenado de sí mismo, destruye el alma y a cualquier virtud y las convierte en vicio.
“El ejemplo de lucifer” de ser uno de los ángeles más virtuosos, paso a ser el más vicioso y malvado. La humildad verdadera te hace humilde contigo mismo, con Dios y con los demás. Se logra reconociendo, lo poco que somos, lo grande que es Dios, y que no somos más, ni somos mejores que las demás personas, sino que solo somos criaturas con un alma racional y que tenemos el mismo valor ante los ojos



Preparado por:
Padre Alonso Saenz
Julio G. Melendez-Morales
Sacado del libro: Instrucción De La Juventud En La Piedad

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